PROU SOROLL

(25002e) “La fachada de la T1 se desplazará 38 metros y se demolerá la antigua torre”

30-09-2025

La ampliación de la T1 del aeropuerto del Prat prevé desplazar la fachada 38 metros hacia adelante, demoler la antigua torre de control y reformar el espacio para ubicar nuevos sistemas de control de equipaje. La inversión asciende a 700 millones de euros, con obras que empezarían en 2028 y se alargarían hasta 2030-2032.

El aeropuerto de Barcelona-El Prat ha comenzado la primera fase de su gran ampliación, un proyecto que durará una década. Esta etapa inicial se centra en la reforma de la Terminal T1, con la instalación de nuevos filtros de seguridad más modernos y eficientes, que cumplirán con las normas europeas y permitirán agilizar los controles.

Para hacer espacio a estas nuevas máquinas, la terminal deberá desplazar su fachada principal 38 metros hacia la zona de aparcamiento, lo que supondrá una ampliación de 70.000 metros cuadrados. Este movimiento implicará la demolición de la antigua torre de control y el reordenamiento de accesos y flujos de tráfico.

Las obras del traslado de la fachada se iniciarán en 2028 y finalizarán en 2032, dentro de un plan más amplio que incluye la construcción de una terminal satélite (T1S) hacia 2032.

En resumen:
✈️ Inicio de una década de obras en El Prat
🏗️ Primera fase: reforma de la T1 y nuevos filtros de seguridad
📏 Ampliación: +70.000 m² con el movimiento de la fachada
🕒 Calendario: 2025–2032 aprox.
💰 Inversión estimada: unos 700 millones de euros

Réplica de Prou Soroll

  1. Más capacidad, más ruido:
    Aunque se presenta como una mejora técnica y de eficiencia, este tipo de ampliaciones responden a un mismo patrón: aumentar la capacidad del aeropuerto, lo que inevitablemente implica más vuelos y, por tanto, más ruido y contaminación química para las poblaciones cercanas, especialmente Castelldefels.
  2. Coste social vs. beneficio económico:
    Mientras se destinan 700 millones a ampliar la terminal, no se contemplan inversiones equivalentes en transporte ferroviario o en infraestructuras que reduzcan la dependencia del avión. La lógica es puramente de negocio aéreo, no de salud pública.
  3. Impacto en la salud:
    Más vuelos significan más exposición al ruido nocturno y diurno, aumentando el riesgo de problemas cardiovasculares, ansiedad, insomnio y pérdida de calidad de vida en la población. Los estudios científicos —como el del BMJ en Heathrow o el de Environmental Health en Italia— ya han demostrado con claridad estos riesgos.
  4. Ausencia de evaluación ambiental real:
    El artículo no menciona en ningún momento un estudio de impacto ambiental ni la consulta a la ciudadanía afectada. El discurso está centrado en la ingeniería y el coste económico, invisibilizando las consecuencias para los vecinos.
  5. Dilación estratégica:
    Al situar el inicio en 2028 y prolongar las obras hasta 2032, AENA y las autoridades generan una narrativa de “tiempo suficiente para adaptarse”. Pero la experiencia demuestra que estas ampliaciones van por fases y terminan consolidando un crecimiento estructural que después es irreversible.

Este proyecto de ampliación encaja en el mismo marco que el Pla Director de l’Aeroport: crecimiento sin límites, sacrificando la salud de los vecinos en Castelldefels, Gavà y el Baix Llobregat.

El reto es denunciar la contradicción: mientras se habla de transición ecológica, se invierten fortunas en ampliar aeropuertos que agravan el cambio climático y el sufrimiento vecinal.

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