La ampliación del aeropuerto en contra del compromiso climático

06/07/2021

La amarga noticia del sí definitivo a la ampliación del aeropuerto no ha hecho más que dejar aún más en evidencia la mala gestión del proyecto. Pere Aragonés, el actual presidente de la Generalitat, ha admitido que, a pesar de haber tomado ya la decisión, ésta no concreta todavía ni las obras que se deberán llevar a cabo ni los impactos que puede provocar en el medio ambiente.

Sobre este aspecto, Aragonés ha evitado responder a las preguntas de la prensa y sólo ha declarado que «las actividades económicas y de transporte deben ir avanzando en la reducción de emisiones aunque se intensifiquen» y que «el acuerdo no concreta si se ha de ampliar la tercera pista o no, lo que dice es que se incrementará el plan de vuelo». Esto quiere decir que no se sabe si aumentará el impacto de CO₂ con el claro aumento de vuelos que habrá o hasta qué nivel sufrirá la Ricarda.

Estas palabras no dan respuesta a ninguno de los temas de interés tanto del medio ambiente como de las personas que sufrirán las consecuencias y no se dan cuenta de que, a largo plazo este cambio afectará a todos.

¿Si no son ellos, quién nos ayudará?

Para sumar puntos a esta mala gestión, incluso la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha dicho que el aeropuerto es una infraestructura «imprescindible para cualquier desarrollo» aunque la ampliación «tiene una exigencia cumplimiento de las obligaciones ambientales». Tras estas declaraciones, parece que no se puede contar con la ayuda de los que en principio se deberían preocupar más por el medio ambiente y para la salud de éste y de las personas que conviven en él, que son, además, los que más voz podrían dar.

Y es que el proyecto en sí, además, es contradictorio con los planes de compromiso climático establecidos. Cuando el 2020 se declaró la emergencia climática, el Gobierno declaró que había que tener un compromiso para «la acción urgente para salvaguardar el medio ambiente, la salud y la seguridad de la ciudadanía». Es por esto que, impulsar el proyecto de la ampliación no concuerda con lo que tenían previsto para luchar en contra del cambio climático. La ampliación del aeropuerto supondrá un aumento considerable de los vuelos diarios que despegarán y aterrizarán, que producirán una gran cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero (GEI). La Comisión Europea ha recordado que «si la aviación fuera un país, estaría entre los diez que más GEI emitirían”.

Un ejemplo a seguir

En contraste, otros países demuestran que su compromiso con la reducción de contaminación y el compromiso con la lucha en contra del cambio climático es más serio.

El Gobierno francés, en febrero de este mismo año, renunció a ampliar su principal aeropuerto, el de París Charles de Gaulle, principalmente por motivos climáticos. El plan tenía previsto aumentar la capacidad del aeropuerto en 40 millones de pasajeros al año, pero la ministra de Transición Ecológica, Barbara Pompilio pidió otro proyecto «más coherente con los objetivos climáticos».