Dudas de un ciudadano corriente

09/08/2021

Finalmente Barcelona tendrá un aeropuerto Intercontinental. Es una cuestión de Estado.

Nos dicen que se crearán 350.000 puestos de trabajo aunque en La Vanguardia del  30-07-2021, en el reportaje especial publicado por AENA vendiendo las excelencias del proyecto, este numero se redució a 195.000.

Nos dicen que provocará un notable incremento del PIB, tanto en Catalunya, como en el resto del Estado, y que no podemos perder esta oportunidad que permitirá situar a Barcelona y Catalunya de nuevo en el mapa internacional.

Nos dicen que se invertirán 1.700 millones de euros pero yo todavía no he sabido identificar de donde van a salir. ¿Quién los va a aportar realmente? 

Aunque todo esto está por ver, yo puedo llegar a comprar casi todos estos argumentos, y evidentemente, estoy a favor del progreso, tanto social como económico, sin embargo, tengo dudas que no veo aclaradas en ninguna de las informaciones suministradas por AENA o lxs políticxs afines al proyecto.

En 2015, el Acuerdo Climático de París, a fin de lograr la neutralidad climática en 2050, indica el camino a seguir en cuanto a reducción de emisiones de gases efecto invernadero, poniendo como objetivo inicial la reducción de emisiones en un 40% en 2030 respecto a las emisiones de 1990. 

En noviembre de 2020, en la última CUMBRE DEL G20, se apostó por trabajar para la aplicación plena y efectiva del Acuerdo de París. 

En diciembre de 2020, ante la grave situación climática que se ha alcanzado, los DIRIGENTES DE LA UNIÓN EUROPEA acuerdan incrementar el esfuerzo y revisar el objetivo del 40%, pasándolo al 55%, e incluir dicho acuerdo en la propuesta de la próxima LEY EUROPEA DEL CLIMA para corregir las desviaciones de la situación actual Vs el objetivo fijado.

Si observamos las tendencias de algunos países de la UE sobre este tema, se apuesta por la reducción de viajes aéreos, en favor de medios de transporte menos agresivos para el medio ambiente, especialmente en viajes de media distancia, que pueden ser perfectamente substituidos por el tren que no emite gases de efecto invernadero. Esto, en Catalunya y en el resto de España, va en la dirección contraria. 

El Director General de Aena, Maurici Lucena, nos apresa con antiguas técnicas de venta de enciclopedias: «Aproveche ahora la promoción o mañana ya no habrá regalo”. “Tiene que decidirse ya, ahora”. Se está creando una sensación de urgencia que te impide reflexionar y hace centrar tu atención solo en aquello que puedes perderte, aunque sin saber siquiera si ello puede interesarte de verdad, si estás en condiciones de pagar la hipoteca ecológica que vas a dejar a tus hijxs, o si lo cierto es que el regalo que te ofrecen no te importa ni un pepino. Pero eso sí: Es urgente!!! Hay que decidirlo ya!!!

El Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, indica que “El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia es la mayor oportunidad económica de nuestro país desde su ingreso en la UE. El futuro de España se decide aquí”. Para ello, se centra en cuatro ejes de actuación: la transición ecológica, la transformación digital, la cohesión social y territorial y la igualdad de género. Hablando del tema que nos ocupa ¿Cómo vamos a lograr la transición ecológica si estamos apostando por el incremento del consumo de queroseno, uno de los combustibles más contaminantes, como garantía de crecimiento económico, en lugar de su reducción y/o substitución por alternativas ecológicas o menos agresivas con el medio ambiente?

¿Cómo encaja el planteamiento de la ampliación del aeropuerto de Barcelona en este proyecto mundial de reducción de emisiones y en los compromisos europeos acordados?

Se habla de dar solución al impacto que la ampliación puede tener sobre el espacio de La Ricarda mediante el intercambio de 10 a 1 por los terrenos que se utilicen para la ampliación. ¿Alguien es capaz de meter en el tubo dentífrico la pasta que se ha sacado antes? Pues eso es lo que pasa con La Ricarda: lo que se le ampute, no se puede reponer de ninguna manera, por muchas tierras que se den a cambio. Y esta afirmación se basa en los estudios medioambientales del Delta del Llobregat.

Además, debemos tener en cuenta el proporcional incremento de la contaminación acústica, de la que nadie habla y que tantas y tantas molestias causan a los vecinos de las poblaciones limítrofes con el aeropuerto, afectando gravemente a su salud.

Se indica que, si no se puede utilizar la Ricarda deberán optar por la utilización de pistas independientes, cosa que, según el Dtor. Gral. de Aena, no le gustaría, pero que forma parte de una de las dos únicas alternativas previstas para materializar la ampliación del aeropuerto. Esta configuración de pistas independientes convertiría la zona de Gavà Playa y Castelldefels en una zona de desastre acústico en la cual sería imposible disfrutar de una calidad de vida razonable, tal y como ya se experimentó en el 2005-2006, cuando se utilizó está configuración de pistas. Por tanto, el planteamiento de AENA podría resumirse en «o nos dejáis destrozar La Ricarda o implantamos las pistas independientes y destrozamos a los vecinos con el ruido.» Todo por el bien de la economía, claro está.

El pasado 31 de julio 2021, el vicepresidente del Govern y conseller de Politicas Digitales y Territorio de Catalunya, Jordi Puigneró, decía: «Es un proyecto necesario e importante para el país»; «Todos estamos haciendo esfuerzos para intentar que sea posible cuadrar esta solución, que sería lo mejor para todos y lo mejor para Catalunya. No nos podemos permitir no tener un aeropuerto intercontinental, la economía ahora no se lo puede permitir». Estamos en una carrera hacia el crecimiento sin control de las consecuencias y los daños colaterales. Parecemos un ratón corriendo en su rueda sin fin. Si se para se cae. Solo sabe seguir corriendo y finalmente cae por extenuación. ¿Esto es lo que queremos? ¿No somos capaces de bajar de la rueda antes de auto destruirnos?

Nadie habla del impacto que dicha contaminación produce sobre las zonas agrícolas protegidas de la zona, recibiendo de forma continua la contaminación silenciosa, pero constante sobre los productos alimenticios que luego se distribuyen como KM0, y que lógicamente, también verá incrementada su incidencia de contaminación en un % similar al del incremento de vuelos en la zona.

Si bien pudiera ser cierto que no disponer de un nuevo aeropuerto nos pudiera restar competitividad ¿El precio que pagaremos en destrucción ecológica y en salud lo compensa? ¿seremos capaces de mirar a nuestros hijxs y nietxs dentro de 30 años, y decirles “Os hemos dejado el planeta hecho una porquería; el aire es irrespirable, no vemos el sol porque está lleno de aviones, el ruido nos atosiga y hemos destruido la biodiversidad de la que gozábamos y nos protegía, porque nuestra generación, de mente cortoplacista, solo pensó en si misma y despreció la triste herencia que os dejábamos a vosotrxs.”  

Joaquim Borrell, un ciudadano con dudas